Cómo Lola Falcón fotografió a Einstein
En junio de 1949, la fotógrafa chilena Lola Falcón vivía en Nueva York cuando decidió escribirle una carta a Albert Einstein. Su intención era sencilla, aunque bastante ambiciosa: conseguir que uno de los científicos más célebres del mundo posara para su cámara. Para su sorpresa, pocos días después recibió una amable respuesta. Einstein aceptaba ser fotografiado, pero con una condición: solo permitiría que le tomara tres fotografías porque, según él, los fotógrafos le quitaban demasiado tiempo.


Retratos de Albert Einstein, Princeton, 1949. Fondo Lola Falcón, Archivos UDP
Lola tomó un tren rumbo a Princeton en un día de verano especialmente caluroso. Sin embargo, al llegar, llovía a cántaros. Y ese no sería el único contratiempo: Einstein estaba durmiendo siesta y no pudo recibirla. Mientras esperaba, conversó con su hija y finalmente acordaron que regresaría al día siguiente. Después de haber conseguido una respuesta favorable a su carta y de viajar especialmente para retratarlo, tendría que esperar un poco más.
Al día siguiente, por fin pudo encontrarse con él. «Su hermosa cabeza de sabio e idealista me impresionaba mucho», escribiría Lola al recordar aquella visita. Pero antes de comenzar la sesión surgió un pequeño inconveniente: Einstein no quería que sus tirantes aparecieran en las fotografías. La solución fue entrar a la casa y buscar un suéter, a pesar del calor. Así, entre las preocupaciones del científico por su vestimenta y la determinación de la fotógrafa por conseguir sus retratos, comenzó una sesión que terminaría siendo bastante más larga de lo previsto.


Einstein había aceptado posar para tres fotografías, pero Lola terminó tomando doce, todas las que permitía el único rollo que llevaba. En su relato, comentaría con humor que, de haber tenido otro, seguramente habría hecho las veinticuatro. Durante el encuentro también hubo tiempo para conversar. Einstein quiso saber de dónde venía y, al enterarse de que era chilena, recordó al escultor Tótila Albert, -amigo íntimo de Lola-, a quien había conocido años antes en Berlín. La visita, que había comenzado con una petición bastante formal, terminó en un ambiente cordial, compartiendo una taza de té.
Tiempo después, Lola Falcón recordaría aquel encuentro en una columna titulada «Cómo fotografié a Einstein», publicada en la prensa chilena. Con humor y una evidente admiración por el científico, relató los pequeños contratiempos de su visita a Princeton, las conversaciones que compartieron y la amabilidad con que Einstein la recibió. Un testimonio que, más de siete décadas después, nos permite conocer la historia detrás de una de sus sesiones fotográficas más singulares.
Ocho de los doce negativos originales de aquella sesión, realizados en formato 6 × 6 cm, forman parte del Fondo Lola Falcón de Archivos UDP, actualmente en proceso de inventario. A partir de 2027, el fondo estará disponible para la consulta de investigadores y público interesado.
Texto: Andrea Aguad Chacur
Archivista: Constanza Bravo
Digitalización: Luciano Contreras



